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La influencia de los grupos

Amenizar la formación, motivar en aula, controlar los conflictos, potenciar cambios de opinión, actitudes, conductas y favorecer la participación cooperativa, son algunas de las ventajas en las que se suele insistir con mayor frecuencia cuando hablamos de formación empresarial y específicamente de uno de sus instrumentos como es la dinámica de grupos.

Pero lo anterior no puede velar, la consideración del propio grupo como mecanismo y escenario psicosocial de aprendizaje, lo que nos permite resumir todas estas ventajas. “Aprender” a través del “hacer” o “aprender a aprender” reconociendo las pautas que conectan a las diferentes realidades entre sí, constituye una tarea activamente creativa en la que los estímulos de los otros suele acicatear nuestra imaginación y capacidad para resolver problemas.

En este sentido, debemos hablar de influencia grupal, la cual se ejerce, básicamente, a través de un proceso de inducción directa de la emoción; toda conducta es teleológica, es decir, tiende hacia una meta o fin determinado, es motivacional en su esencia.

Nombrar  a Kurt Lewin, biólogo, médico y filósofo, se hace necesario, no hacerlo sería dejar fuera a quien trabajó intensamente en temas relacionados con los procesos grupales y el prejuicio y quien defiende que “la experiencia en el entrenamiento del liderazgo, … producción en el trabajo…prejuicios… parece indicar que habitualmente es más fácil que los individuos cambien en grupo más que de forma individual. Y por tanto la idea de que el cambio de actitudes es más intenso y duradero cuando se tiene en cuenta al grupo y no al individuo de forma aislada fue comprobada en otras investigaciones de Lewin, lo que venía a demostrar que los individuos no se comportan igual cuando están solos que cuando se considera su pertenencia a un grupo, fundamentalmente por la interdependencia de los miembros.

Así pues herramientas, estrategias, tácticas, objetivos, resultados, etc… puestos en marcha en la formación, sólo serán eficaces si somos capaces de ver al propio grupo como verdadero sujeto de aprendizaje y por tanto ser capaces de conectar su realidad como grupo y como individuo y extrapolarlo a su reto diario. Sólo así seremos verdaderos conductores de aprendizaje.

 

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