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Que se pare el mundo que me bajo

Aunque hoy era un día especial porque España se estrenaba en el mundial jugando contra Suiza, habíamos quedado a comer cuatro viejos amigos que tenemos la sana costumbre de vernos con cierta frecuencia. Podemos hablar de una larga tradición porque de los cuatro, tres somos compañeros de colegio.

Seguramente no tengo que aclarar que ninguno somos aficionados al futbol. Si no hubiera sido así, seguro que alguno habría propuesto cambiar de fecha para poder contemplar tan magno acontecimiento.

Está claro que en nuestra escala de valores, es más importante disfrutar de una amena comida y gozar con nuestra mistad que seguir el mencionado partido de futbol. Sé que lo que estoy contando, a muchos les puede sonar hasta raro. Pues no, señores, no es nada raro. Simplemente no nos gusta el futbol!!

Vaya por delante que los cuatro somos españoles y deseamos fervientemente que España triunfe en este mundial. Bueno, el comienzo no ha sido bueno pero esperemos que se enderece.

Como siempre, ha sido un rato muy agradable y, tanto la comida como la sobremesa nos han ofrecido la oportunidad de hablar de temas muy interesantes. Pienso que ninguno queríamos hablar de la situación actual pero, creo que, inconscientemente, ha sido inevitable.

Cuando hemos abordado este tema, podréis imaginaros que ninguno teníamos argumentos para insuflar a los demás dosis de optimismo. Más bien al contrario. La mayor preocupación no era la situación en la nos encontramos, que también. Era la pregunta del millón: ¿Cuándo vamos a salir de esto?, ¿qué indicios razonables hay para pensar que en un periodo de tiempo vamos a empezar a ver la luz?. Y lo que es peor, ¿Cuánto tiempo podemos aguantar así?.

Panorama desolador. Ante esta situación uno de los contertulios dice: “Que se pare el mundo que me bajo”, “esto no hay por dónde cogerlo”.

Sin embargo, otro, con voz tranquila y sosegada, comenta que, pese a todo, España sigue funcionando, con tremendas dificultades, pero sigue funcionando. Las empresas las están pasando canutas, desgraciadamente muchas han desaparecido, pero otras muchas continúan su día a día, haciendo un enorme esfuerzo, pero ahí siguen.

La conversación transcurre con intervención de todos y, cada uno aporta su granito de arena. Destaco los argumentos más sustanciales.

  • No está en nuestra mano solucionar los problemas políticos y la situación macroeconómica.
  • Si hay alguien que puede coadyuvar a que la economía de España empiece a ver la luz, es el tejido empresarial.
  • Es cierto que los poderes públicos tienen que hacer muchas cosas para que esto mejore, pero el empresariado español ha dado y, sigue dando, sobradas muestras de saber aguantar el tirón.
  • Aunque esta crisis es totalmente diferente a las demás, y la más grave en 80 años, no podemos rendirnos, no podemos tirar la toalla.
  • No sabemos cuándo va empezar la recuperación, pero si no aguantamos, seguro que no empezará nunca.

Lo que había empezado como una situación catastrófica, que lo es, ha terminado con una cierta dosis de optimismo y confianza en que esto tiene que arreglarse en algún momento.

Mi mensaje no es optimista, no puede serlo, pero sí alentador: “El mundo empresarial, como en otras muchas ocasiones, está dando un gran ejemplo de saber aguantar y estoy seguro que, en esta ocasión, también nos sacará del atolladero” (siempre y cuando los poderes públicos no acaben asfixiándole).

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