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Hay dos formas de mirar, con velos en los ojos y sin ellos

 

Subía desfallecida los  207 escalones del Miquelet en Valencia.

Cargaba, claro, con mi cámara. Desde una de las ventanitas de la interminable escalera de caracol, descubrí estas cúpulas azules.

Apunté con mi cámara, en difícil equilibrio entre unos japoneses que subían y unos franceses que bajaban, e intenté disparar.

El autofocus se volvía loco. Ora enfocaba el enrejado de la ventana, ora enfocaba las cúpulas. Ambos resultados están a la vista.

Al editar la foto en casa descubrí dos imágenes distintas de un mismo momento y un mismo objeto observado. Y escribí “Hay dos formas de mirar, con velos en los ojos y sin ellos”.

Mi reflexión era puramente fotográfica, pero tenía muchos más significados que solo identifiqué días después.

Miramos con los ojos, pero ponemos un velo que oculta aquello que miramos.

Un velo de miedo.

O de prejuicios.

O de ideas preconcebidas.

O de negación de la realidad.

O de una falsa realidad que nos hemos creado.

O de ignorancia.

Hay muchos velos ¿Cuáles son los tuyos?.

Esos velos, como legañas negras, como telarañas espesas, nublan nuestra vista, y a la vez nuestro oído, porque viendo, escuchamos, y si no vemos, no escuchamos.

La imagen con velos tiene su belleza y su misterio, pero oculta la realidad y la hermosura de ese azul de las torres de la catedral. De sus formas ondulantes, de esa simetría perfecta.

Quiero frotar mis ojos, eliminar legañas y telarañas, para verte mejor, para escucharte mejor. Y así, solo así, entenderte mejor.

 

 

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