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emociones, ¿debilidad o fortaleza?

El pasado jueves  3 de febrero, el equipo de persona metaplacement tuvimos la suerte de compartir mesa y mantel con 7  “primeros espadas” de empresas de diversos  sectores, dentro de nuestro entramado empresarial.

Arropados por un “cocido  madrileño”, debatimos, comentamos y nos manifestamos, sobre algo  tan complejo y a la vez tan cercano a todos, como es la “gestión de las emociones” en el entorno profesional.

Planteamientos como si se debían manifestar, por parte de los directivos, las emociones ante sus equipos o no, ¿qué ocurría con las emociones negativas?, ¿cómo afectan los estados emocionales de los líderes al espíritu del equipo?, fueron surgiendo a lo largo de dicha reunión.

Desde el significado etimológico de emoción, del latín emotĭo, -ōnis, que significa «el impulso que induce la acción«, si algo parece cada vez más claro es que nosotros no tenemos emociones, son las emociones las que nos tienen a nosotros. Nosotros solo podemos aprender a gestionarlas. De nosotros depende cómo se manifiesten estas emociones y cuál es el impacto que las mismas tienen en el comportamiento de los equipos de trabajo.

La emoción dentro de nuestro sistema de comunicación llega a pesar un 51% frente a la corporalidad, que pesa un 38%, y el lenguaje, que apenas representa un 11%, a raíz de estos datos nos damos cuenta de lo importante que es en nuestras relaciones como gestionamos y manifestamos nuestras emociones.

Hace algunas semanas leía un artículo de Montse Mateos en Expansión, sobre como” liderar con el enojo” de las plantillas y como este efecto, además de ser una pesadilla para el jefe, debía  contar con la implicación de toda la organización para salir del impase.

El miedo, la ira, la tristeza y la alegría son las cuatro emociones básicas en las que todos nos encontramos inmersos, y ,  con bastante frecuencia, nos tienen tan controlados que nos hacen entrar en espirales que nos pueden alejar de la realidad de nuestras relaciones.

Los líderes, en principio, deben cumplir con ser optimistas, alegres, impulsores, motivadores, no deben ser vulnerables y por supuesto la ira, el miedo o la tristeza no deben encontrase, ni tan siquiera, en su vocabulario.

La educación que, en ciertos momentos, nos hicieron llegar era que el líder no debería manifestar  nunca un síntoma de debilidad, el líder no podía manifestar sus emociones.

Después Goleman y su “inteligencia emocional “nos hizo ver que las emociones se podían gestionar dentro de las empresas, y que el equilibrio emocional ayudaba a conseguir resultados de éxito más allá del éxito.

Kofman, profesor del MIT, nos presenta en su libro “la empresa consciente”, como debemos alejarnos de posturas victimistas y debemos ser responsables de cómo actuamos fuera de clichés y estereotipos. Las emociones que son instantáneas y los estados emocionales que perduran en el tiempo, influyen sobremanera, no solo sobre nosotros mismos, sino también sobre aquellos que nos rodean.

Entonces, si casi todos sabemos lo importante que es gestionar nuestras emociones y como impactan estas en nuestros equipos, ¿hasta cuándo vamos a pensar que la vulnerabilidad es una debilidad y no un valor?

¿Hasta cuándo vamos a ser insensibles con la gestión de la ira?, una de las emociones que más impacta en la organizaciones.

Podemos seguir haciéndonos un montón de preguntas, pero como decía Séneca  ”La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy”, en mi opinión debemos dejar de plantearnos qué hacer y es el momento de decir cómo hacer.

Difícil sacar una única conclusión de nuestro “almuerzo”, había mucha pasión y emoción en los diversos mensajes, preguntas o manifestaciones de nuestros invitados.

Sí se puede reseñar que los líderes de hoy en día, están cada vez más sensibles a los comportamientos emocionales en las organizaciones, y eso, creo que es buena señal.

http://www.youtube.com/watch?v=DaFkDT8wMUE

1 comentario en “emociones, ¿debilidad o fortaleza?”

  1. Me llama mucho la atención que de las esferas de las tres esferas de la comunicación, el lenguaje, la palabra tenga tampoco peso. En las empresas, la gran mayoría de los objetivos, por no decir todos, se consiguen a través de la palabra. La palabra, la conversación es el canal de comunicación para dirigir, corregir, decidir, animar, coartar, avergonzar, humillar, inflar, entusiasmar, etc…., incluso me atrevería a decir que es la herramienta básica para fomentar el compromiso y la productividad.
    Prueba a conversar sin emociones.¿?????
    Somos seres emocionales, y las palabras con las que organizamos nuestro mundo, el de la empresa incluido, se transmiten en una emoción; en la que sintamos ese momento. Esto afecta al interlocutor, que además de escuchar las palabras, escucha la emoción; incluso inconscientemente.
    Un tema interesante, José Manuel, creo que merece la pena bajarlo a la realidad del día a día.

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