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El tiempo quiso ocultar los tesoros pero ellos, rebeldes, no lo consintieron

EL TIEMPO QUISO OCULTAR LOS TESOROS PERO ELLOS, REBELDES, NO LO CONSINTIERON

Viaje de fin de semana a mi querida Soria. Paseos por el Cañón del Río Lobos, sabinares y pinares, montes azules que decía Machado, naturaleza exultante, buena gastronomía y excelentes setas.
Y en uno de esos paseos, lo descubrí.
Una aldea abandonada como tantas en nuestras tierras de Soria, de Teruel, de Zamora. Aldeas casi fantasmas, fagocitadas por una localidad más grande y con mejores servicios.
Hablo de Arganza, a cuatro kilómetros de San Leonardo de Yagüe, una población mayor, con industrias, sucursales bancarias, buena hostelería y por tanto buen turismo, comercios y algo tan importante como centro médico, escuela, instituto… Arganza, o mejor dicho, sus habitantes, se han trasladado a la “ciudad” y vuelven a su pueblo para la romería, las fiestas y cuidar de sus tierras de labor.

Desde la carretera, en lo alto de una colina, está la Iglesia. Y su fachada meridional me descubrió un tesoro… unos arcos bellísimos con capiteles románicos que podrían haber sido el atrio de la humilde parroquia.
Subí la colina y fotografié lo que ví. Observad. Esos capiteles se esfuerzan por escaparse de la prisión a la que se han sometido quizás desde hace siglos. Se escapan, huyen de ese muro de piedras que ciega las arcadas del viejo atrio. Y ví y sentí el título de este post. El tiempo quiso ocultar los tesoros, pero ellos rebeldes, no lo consintieron.
Algo muy parecido ocurre en las empresas y organizaciones, el día a día, el desarrollo y ejecución de proyectos, las prisas y tantas otras variables, ocultan, sepultan bajo piedras de sillería la innovación, la creatividad, la curiosidad, la inquietud, el riesgo, en definitiva, la emoción de hacer, pensar, sentir, idear, pergeñar, cambiar.
Hay capiteles rebeldes que se asoman al exterior, esa es la esencia del desarrollo. Desde la persona más humilde de la organización, a sus mandos.
A veces, un capitel valiente, se convierte en un capitán valiente, que suena igual, pero no es lo mismo, y emprende proyectos renovadores. De nada valen esos proyectos, de nada valen esa inversión y esfuerzos si previamente no deshacemos esa argamasa que une las piedras que todo lo taponan. Para cambiar las acciones, deben cambiar las conductas. No se puede restaurar el capitel si no se disuelven las piedras, se eliminan y destruyen, para solo así, dejar entrar la luz de las ideas.
Ayudemos al Capitel/capitán valiente, cambiando conductas, a deshacer el muro y la argamasa, que pase la luz y podamos desenterrar los tesoros ocultos.

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